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Descubre aquí las respuestas a algunas de las preguntas o dudas más frecuentes de nuestra comunidad.
PREGUNTAS FRECUENTES

El origen del sector de aguas minerales se encuentra en los balnearios y en las aguas mineromedicinales, las cuales desde el comienzo de su comercialización en farmacias hace más de dos siglos, han venido contribuyendo a la expansión de unos saludables hábitos de consumo.

La fábrica de agua mineral no es otra que la propia Naturaleza. El agua de la lluvia, o de la nieve cuando deshiela, se va filtrando poco a poco, entre las rocas de las montañas, para realizar un largo y lento viaje por las entrañas de la tierra, a través del cual el agua va adquiriendo los minerales que finalmente le darán su valor único y su singularidad.

Esa agua termina su periplo natural cuando llega hasta un acuífero subterráneo, donde se deposita y se almacena, en un entorno totalmente protegido de cualquier tipo de contaminación. El tiempo de permanencia, la profundidad del acuífero y la temperatura serán los encargados de completar la elaboración del agua mineral natural y de dotarla de su personalidad inimitable, que la convierte en una bebida única y saludable.

Tras el mecanismo natural de creación del agua mineral, mediante el cual la naturaleza pone a nuestra disposición un agua tan pura, tan sana y con propiedades beneficiosas para la salud, las empresas del sector español de aguas envasadas se encargan de hacer perdurar sus características y se comprometen a mantenerla intacta para que llegue hasta nosotros, en las mismas condiciones que se halla en el acuífero.

Las aguas minerales se consideran un recurso “hidromineral” de origen subterráneo, lo que propicia unas características físico-químicas (grado y tipo de mineralización, temperatura) que las diferencian de otras aguas. 

Su mineralización y temperatura están estrechamente condicionadas por las propiedades geológicas de los materiales que atraviesan y a través de los cuales alcanzan la superficie, bien sea directamente en fuentes naturales o mediante perforaciones en acuíferos.

Es precisamente, su larga permanencia en el terreno lo que origina que hayan estado sometidas a procesos físicos y químicos de interacción con la roca que constituye el acuífero en condiciones de pH y potencial redox diferentes de las de la superficie, y que puedan haber intercambiado materia con el medio sólido, disolviendo unas sustancias y precipitando otras, o incorporando sales de formación de los terrenos que van atravesando; además pueden incorporar gases de procedencia endógena.

Fuente: IGME

Las aguas minerales son recursos subterráneos de excelente calidad, que se corresponden con descargas naturales (manantiales) o captaciones (pozos o sondeos) y son, junto con los alimentos infantiles, los productos más reglamentados en cuanto a calidad y seguridad alimentaria, tanto es así que muy pocas aguas pueden acceder al calificativo de “Agua Mineral Natural”.

Para obtener el calificativo de “Agua Mineral Natural”, se debe iniciar un largo y exigente expediente administrativo que, en ocasiones, puede durar hasta tres años, y en el que intervienen las autoridades competentes en Minas, Sanidad y Medio Ambiente. Durante este proceso, se debe demostrar mediante numerosos informes y análisis, que las aguas cumplen todos los requisitos marcados por la legislación:

  • Origen subterráneo (profundo y protegido): Las aguas minerales naturales deben tener su origen en una capa freática o yacimiento subterráneo y brotar en uno o varios puntos de alumbramiento naturales o perforados. 
  • No contaminada: Las aguas minerales naturales deben ser naturalmente puras en su emergencia. 
  • Composición característica: Cada agua mineral natural contiene en disolución determinados elementos o compuestos minerales que la caracterizan y la distinguen de cualquier otra agua. Estas características y composición han de ser estables y mantenerse prácticamente constantes sin que influyan en ellas períodos de sequía o de abundantes lluvias. 
  • No tratadas: Las aguas minerales naturales deben ser envasadas para su comercialización sin ningún tratamiento previo que altere su composición.
  • Efectos favorables para la salud del consumidor: Se entienden como mejoras de determinadas afecciones o alteraciones de la salud sin que se deba considerar en ningún caso una verdadera curación.

Las aguas naturales que posee nuestro planeta se clasifican en dos tipos: subterráneas y superficiales. No obstante, es importante conocer cuáles son las diferencias entre aguas subterráneas y aguas superficiales.

Las aguas superficiales se refieren a aquellas aguas de origen continental que se encuentran sobre la superficie terrestre, que pueden presentarse en forma de ríos, arroyos, lagos, reservorios, embalses, lagunas, océanos y mares. 

Según el origen, las aguas superficiales pueden clasificarse en artificiales, naturales o modificadas. Estas últimas se refieren a las que han sufrido algunas alteraciones físicas generadas por el hombre, son las aguas que han sido desviadas o embalsadas. Por otra parte, las aguas artificiales son aquellas expresamente creadas por la actividad humana.

Por su parte, las aguas subterráneas no sufren modificaciones algunas y tampoco pueden crearse de manera artificial por parte del hombre.

La mayor cantidad del agua potable se encuentra por debajo de la superficie terrestre, rellenando los poros de las rocas del subsuelo. Proceden del agua de lluvia o nieve que drena la tierra y que viaja durante un tiempo variable, que puede llegar a miles de años, hasta el acuífero en el que permanece libre de toda contaminación.

A nivel global, el agua subterránea representa unas veinte veces más que el total de las aguas superficiales de todos los continentes e islas, de ahí la importancia de esta agua como reserva y como recurso de agua dulce. Además, tiene un importante papel en la naturaleza, los acuíferos son una parte fundamental para garantizar la existencia de diversas especies animales propias de cada región donde se encuentran. El efecto de la gran reserva de agua respecto al flujo anual, es esencial para mantener el caudal de base de muchos ríos y la humedad del suelo en las riberas y áreas bajas.

Podemos decir, por tanto, que la principal diferencia entre las aguas subterráneas y las superficiales es que las subterráneas están alejadas de la contaminación terrestre, por lo que presentan unas características especiales de sabor, olor y contenido en minerales, proporcionadas por las rocas y arenas por las cuales son filtradas y que le dan un toque único y especial a cada agua mineral natural, dependiendo de la zona de la que son captadas. La temperatura, el tiempo de permanencia y la profundidad del acuífero, completarán la personalidad inimitable de cada agua mineral natural.

La principal diferencia radica en que el agua de grifo puede consumirse con las garantías administrativas de potabilidad pero no tiene por qué tener una composición química constante, pureza en origen ni poseer beneficios para la salud; características por las cuales la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria define al agua Mineral Natural como un producto alimenticio.

Si nos remontamos al origen de las aguas minerales envasadas vemos cómo en un principio estuvieron ligados a los balnearios (aguas minero-medicinales). Con el paso del tiempo se produce una evolución conceptual para dar paso de un “agua medicamento” a “agua de mesa”.

Existe otra categoría llamada Aguas de Manantial las cuales no precisan de tratamiento pero que no garantizan la composición estable de su composición química razón por la cual no figura en su etiqueta.

Las singularidades que hacen diferenciable al agua mineral natural del agua del grifo y que se recogen en el CODEX ALIMENTARIUS (CEE), son:

a) El contenido de determinadas sales minerales y sus proporciones relativas, así como por la presencia de oligoelementos o de otros constituyentes.

b) Se obtiene directamente de manantiales o fuentes perforadas de agua subterránea procedente de estratos acuíferos, en los cuales, dentro de los perímetros protegidos deberán adoptarse todas las precauciones necesarias para evitar que las calidades químicas o físicas del agua mineral natural sufran algún tipo de contaminación o influencia externa.

c) Su composición y la calidad de su flujo son constantes, teniendo en cuenta los ciclos de las fluctuaciones naturales.

d) Se recoge en condiciones que garantizan la pureza original y la composición química de sus constituyentes esenciales.

e) Se envasa cerca del punto de emergencia de la fuente, adoptando buenas prácticas de higiene.

f) No se somete a otros tratamientos que los permitidos por la normativa vigente.
En resumen, se podría decir que su singularidad es la consecuencia del hecho de tener su origen en un estrato o yacimiento subterráneo, la conservación intacta de su naturaleza y su pureza original, y la constancia química en el tiempo. Esta es la razón por la que cada agua es diferenciable por su composición, es decir, tenga personalidad propia.

Fuente: IGM

No. Se trata de dos productos absolutamente distintos. En primer lugar, es necesario resaltar que el Agua Mineral Natural es un producto alimentario con unas características singulares que la hacen única, ya que son aguas de origen subterráneo, puras en origen, con una composición mineral constante que se mantiene en el tiempo, y que no pueden recibir ningún tipo de tratamiento químico o microbiológico para su consumo.

Además, el Agua Mineral es un producto de naturaleza y características distintas a las aguas del grifo y reguladas por una legislación específica. De hecho, por su relevancia para el desarrollo de unos buenos hábitos saludables, es el único producto de gran consumo que está regulado por una Directiva Europea.

El legislador quería asegurar así la protección de esta agua, para que llegue al consumidor con la misma pureza, composición mineral y propiedades saludables que tiene en la naturaleza. Para obtener el calificativo de “Agua Mineral Natural”, se requiere, por lo tanto, el cumplimiento de una serie de exigencias muy estrictas tras finalizar un largo y exigente expediente administrativo, en el que intervienen las autoridades competentes en Minas, Sanidad y Medio Ambiente.

Sin embargo, el agua filtrada es agua del grifo (por tanto, de origen variable y composición inestable) sometida a un proceso de filtrado doméstico. Este proceso altera su composición inicial y elimina el cloro, por lo que el agua puede quedar desprotegida, pudiendo ser muy sensible a eventuales contaminaciones.

Por ello, los establecimientos que ofrezcan agua del grifo filtrada, deben disponer de un sistema de autocontrol de Análisis de Peligros y Puntos de Críticos de Control (APPCC), para garantizar la seguridad y calidad del agua.

Por otro lado, los envases que se emplean para el “agua de abastecimiento público preparada” que se sirve y vende en algunos establecimientos, carecen de cierre hermético y su llenado y taponado se realiza de forma manual, por lo que su consumo debe ser inmediato y no podrá almacenarse. Además, deben realizarse controles analíticos respecto a la composición final del agua, una vez filtrada y envasada, que demuestren la ausencia de microorganismos patógenos.
Por todo ello, el agua filtrada en ningún caso podría considerarse Agua Mineral Natural.

Las aguas minerales están reguladas por una legislación específica y muy estricta. Directivas de la Unión Europea, complementadas con la legislación española y las buenas prácticas implementadas por el Sector, se encargan de poner a disposición del consumidor final un alimento seguro, natural y saludable.

  • A nivel europeo, las aguas minerales naturales están reguladas por la Directiva 2009/54/CE, del Parlamento Europeo y del Consejo, sobre explotación y comercialización de aguas minerales naturales. 

         Además, como producto alimentario les resulta de aplicación la normativa transversal aplicable a los productos alimentarios, entre otros el Reglamento (CE) 852/2004, relativo a la  higiene de los productos alimenticios, así como el Reglamento (UE) 2017/625, relativo a los controles.

  • A nivel nacional, se regulan a través del Real Decreto 1798/2010, por el que se regula la explotación y comercialización de aguas minerales naturales y aguas de manantial envasadas para consumo humano, junto con la Ley 22/1973, de Minas y el Reglamento que la desarrolla (Real Decreto 2857/1978).

El Real Decreto Legislativo 1/2001, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Aguas, así lo dispone en el Art.1 apartado 5 en virtud del cual “Las aguas minerales y termales se regularán por su legislación específica”, sin perjuicio de que el apartado 2 del mismo artículo señala que “Es también objeto de este texto el establecimiento de las normas básicas de protección de las aguas continentales, costeras y de transición, sin perjuicio de su calificación jurídica y de la legislación específica que les sea de aplicación”. Este segundo apartado de la Ley ofrece protección a las aguas minerales.

 

Cada agua mineral natural es diferente y posee un sabor característico debido a su composición mineral única. Esto permite a cada consumidor elegir un tipo de agua u otra según sus gustos y necesidades.

Las legislaciones nacional y europea distinguen tres categorías de aguas envasadas:

Aguas Minerales Naturales
Son aguas de origen subterráneo, protegidas de toda contaminación, bacteriológicamente sanas y con una composición constante en minerales con efectos beneficiosos para la salud. Su gran valor es que, al ser puras desde el origen, no necesitan ningún tratamiento de desinfección ni filtrado doméstico para su consumo, envasándose con todas sus propiedades intactas para llegar al consumidor tal cual está en la naturaleza.

Aguas de Manantial
Son aguas potables de origen subterráneo que emergen espontáneamente en la superficie o se captan mediante labores practicadas al efecto con las características naturales de pureza que permiten su consumo. A diferencia de las anteriores, no han demostrado acción específica en el organismo humano ni tienen que presentar una composición característica constante.

Aguas Preparadas
Son aguas distintas a las aguas minerales naturales y de manantial, que pueden tener cualquier tipo de procedencia y se someten a los tratamientos fisicoquímicos autorizados necesarios para que reúnan las características de potabilidad exigidas para su consumo. Se dividen a su vez en dos grupos:

  • Potables preparadas: Aquellas que pueden tener cualquier tipo de procedencia, subterránea o superficial y que han sido sometidas a tratamiento para que sean potables. Todas estas aguas perderían así, si la tuviesen, la calificación de agua de manantial o agua mineral natural, pasando a denominarse aguas potables preparadas.
  • De abastecimiento público preparadas: En el supuesto de tener dicha procedencia.
 

No. Son productos naturales que deben llegar al consumidor tal y como se captan en sus puntos de emergencia y por ello no pueden ser sometidas a ningún tratamiento que modifique su composición química original. Únicamente se permite la separación de aquellos elementos naturalmente inestables. Mientras que la tecnología aplicada a las aguas superficiales destinadas al consumo humano está dirigida a devolverles su potabilidad, el valor añadido de las aguas minerales naturales y de manantial radica precisamente en los medios técnicos empleados para preservar su pureza original y su personalidad.

Las aguas minerales naturales son, junto con los alimentos infantiles y los productos dietéticos, los productos más reglamentados en cuanto a calidad y seguridad alimentaria. Esto se debe a que el agua mineral natural es un producto tan singular que debe llegar al consumidor en su estado de pureza natural.

Directivas de la Unión Europea, complementadas con la legislación española y las buenas prácticas del sector de aguas envasadas, ponen a disposición del consumidor un alimento natural, saludable y seguro.

Además, la industria realiza continuos análisis y muestras para garantizar la calidad del producto final, llevando a cabo más de 300 análisis diarios para monitorizar la calidad y estabilidad del agua envasada. 

En este sentido, desde mayo de 2004, el Centro Nacional de Tecnología y Seguridad Alimentaria (CNTA), un centro tecnológico de referencia y reconocido por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), proporciona soporte analítico y técnico avanzado a ANEABE, tanto en proyectos de I+D+i como en foros nacionales e internacionales.

Igualmente, las empresas envasadoras de aguas minerales y de manantial han implantado un completo sistema de APPCC (análisis de peligros y puntos críticos de control) que asegura en todo momento la calidad del producto, desde la captación hasta el punto de venta, garantizando siempre su pureza original.

El agua mineral natural posee una pureza original que hace que no necesite ser hervida para su consumo (ni siquiera para preparar los biberones de los más pequeños), ni ningún tratamiento químico de desinfección ni microbiológico. Además de mantener su pureza una vez envasada, contiene minerales beneficiosos para el funcionamiento del organismo, lo que la hace ideal para llevar unos hábitos de vida saludables.

Para disfrutar del agua mineral en las condiciones óptimas, desde ANEABE proponemos las siguientes recomendaciones de conservación y consumo:

  • Conservar el agua en un lugar fresco, seco, protegido de la luz solar y lejos de olores agresivos. El agua mineral envasada debe permanecer lejos de la luz solar directa, en un lugar fresco y apartado de olores fuertes y agresivos como pinturas, disolventes, gasolina o productos limpiadores.
  • Una vez abierta la botella, consumir en pocos días. Debe guardarse en frío y consumir en los 3 días siguientes desde su apertura para que conserve al completo sus propiedades y beneficios.
  • Seguir estrictamente las recomendaciones que aparecen en las etiquetas. En ellas aparece su origen (nombre del manantial) y composición (así sabemos siempre lo que estamos bebiendo: los minerales y oligoelementos que incorpora), la fecha de consumo preferente, conservación…
  • No mantener el envase en contacto con el suelo. Las aguas envasadas garantizan una seguridad al consumidor, son sanas y pasan unos exhaustivos controles de calidad. Adquirido el producto, los consumidores debemos de seguir conservando los envases en condiciones óptimas.
  • No añadir hielo. Si estás consumiendo agua mineral no tiene ningún sentido que le añadas cubitos de hielo porque la mezcla de estos cubitos, realizados con agua del grifo, no te asegurarán los componentes constantes del agua que has elegido. La temperatura ideal para consumir el agua mineral es entre 10 y 15º.
  • Cuando pidas agua mineral en un restaurante: No aceptes envases ya abiertos, deben estar siempre precintados. Es la única manera de saber al 100% que el agua es mineral. En su proceso de envasado se sigue un protocolo para asegurar que su pureza se mantenga inalterable y sus componentes constantes.
  • Cuando viajes al extranjero, solicita siempre agua envasada. Si no es envasada, desconocemos su procedencia y el estado en el que se encuentra (el tiempo que lleva en la jarra, la temperatura a la que ha estado expuesta…). Por eso se recomienda no consumirla y no poner en riesgo nuestra salud con un agua que no sabemos cómo puede afectarnos.

El agua como sustancia en su estado más puro, como elemento químico, por su propia naturaleza no se degrada. Además, su envase la protege de microorganismos y suciedad, por lo que puede mantenerse potable durante años siempre y cuando la botella no se haya abierto nunca y se mantenga en un lugar fresco, seco y alejado de la luz solar y de olores intensos.

Entonces, ¿por qué las botellas tienen marcada una fecha de caducidad?: en realidad no es una fecha de caducidad, sino una fecha de consumo preferente o aconsejado que, por ley, deben llevar algunos alimentos, entre ellos el agua, para informar al consumidor de que fuera de esa fecha, sus propiedades organolépticas (sabor, olor…) pueden no ser las mismas que cuando se envasó.

En algunas etiquetas de agua mineral, puede leerse la leyenda “no rellenar”. La inclusión de esta advertencia es una medida de prevención y se aconseja no reutilizar las botellas para:

  1. Prevenir accidentes
    Con esta advertencia se pretende evitar que se introduzcan otros líquidos que puedan ser confundidos con agua. En ocasiones, estos envases son rellenados con productos no alimentarios (por ejemplo, productos de limpieza), pudiendo provocar confusiones e ingestas accidentales. Con la recomendación de no reutilizar el envase se evita que puedan ingerirse, por error, líquidos corrosivos (lejía y otros desinfectantes, disolventes, etc.).
  2.  Evitar fraudes
    Las empresas que comercializan las diferentes marcas de aguas envasadas sólo pueden garantizar las condiciones de seguridad y calidad del agua que han envasado, y cuyas características se señalan en su etiqueta.
    En este sentido, es muy importante comprobar que el precinto de garantía de la botella está intacto antes de su consumo. Por ello, se recomienda a los consumidores que en los restaurantes exijan que las botellas sean abiertas en su presencia.
  3. Por razones organolépticas
    Si se ha bebido directamente de una botella y se ha rellenado repetidas veces con otro tipo de líquido o alimento, el interior de estos envases ya no mantiene sus condiciones iniciales de total asepsia, pudiendo incluso contaminarse con microorganismos que proceden de nuestra boca o del ambiente.

El PET (tereftalato de polietileno) es el material con el que están hechas las botellas de agua mineral. Es un material seguro para uso alimentario, además de transparente, resistente y ligero, lo que permite ser eficiente durante el transporte y distribución, reduciendo el consumo de combustibles fósiles y, en consecuencia, las emisiones de CO2 a la atmósfera. 

Los envases de PET posibilitan que el Agua Mineral Natural pueda estar disponible en todo momento y lugar, sin alterar su sabor, su pureza original o sus propiedades nutricionales. Y ello no solo permite proporcionar a los consumidores una hidratación de calidad y con garantías, sino también estar disponible en situaciones de emergencia o desastres naturales, cuando pueden producirse problemas en el suministro de agua de la red entre la población afectada.

El PET es también un material respetuoso con el producto que contiene, como es el caso del agua envasada, y con el medio ambiente, ya que se trata de un material 100% reciclable.

El PET reciclado, conocido como rPET, se obtiene del reciclaje de los productos elaborados con PET. Cada vez más las empresas envasadoras de agua mineral natural utilizan rPET, de manera que los consumidores pueden encontrar ya botellas fabricadas incluso al 100% con este PET reciclado, pasando por las que contienen el 50% o el 25%.

Por eso, la colaboración ciudadana es esencial. Depositar los envases de agua mineral en el contenedor amarillo cuando ya se han consumido supone recuperarlos para su reciclaje. Así se puede disponer de más material para producir nuevas botellas o incluso para otros productos, como ropa, juguetes, diversos bienes industriales, etc.

En España, el plástico utilizado para la fabricación de las botellas de agua mineral no contiene Bisfenol A, están fabricadas con plástico PET (polietileno tereftalato), un material que no contiene este compuesto. Así, la ausencia total de Bisfenol A está certificada por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición – AESAN, que asegura que:

“Existe mucha confusión a la hora de escribir sobre la presencia de Bisfenol A en los alimentos y se tiende a decir que forma parte de muchos materiales en los cuales no se emplea. La mayor parte de los envases plásticos que se usan a diario son de PET (polietilentereftalato), PE (polietileno) y PP (polipropileno) y el Bisfenol A no se utiliza en su fabricación”.

Los envases de aguas minerales presentan las máximas garantías sanitarias al cumplir con una exigente normativa sobre materiales en contacto con los alimentos, que garantiza su seguridad alimentaria y la correcta conservación de la pureza de las aguas minerales. Por tanto, resulta completamente injustificado asociar la presencia de Bisfenol A (BPA) con las botellas de PET.

Por otro lado, el estudio científico “Effect of bottling and storage on the migration of plastic constituents in Spanish bottled waters” realizado por científicos del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudio del Agua (IDAEA-CSIC) y del Laboratorio Dr. Oliver Rodés concluyen, después de analizar el agua mineral de 131 manantiales y tres aguas potables preparadas de 94 marcas que se comercializan en nuestro país, que:

  •  Tanto las aguas analizadas como los envases que se emplean para contenerlas, sean de plástico o vidrio, son seguros para la salud y cumplen con la legislación vigente tanto en España como a nivel europeo. Por lo tanto, es totalmente seguro consumir agua envasada.
  • Según este mismo estudio y según los parámetros de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA en sus siglas en inglés), el consumo de agua para superar la ingesta diaria tolerable utilizando las concentraciones máximas detectadas de sustancias como el DEP, DBP, BBP, DEHP, DEHA y BPA requerirían la ingesta de más de 100 litros de agua por día, y en el caso del NP una ingesta de 43 litros de consumo de agua diario. Por lo tanto, teniendo en cuenta el bajo número de muestras positivas que se detectaron con estas sustancias y la ingesta diaria de agua en conjunto, la posibilidad de desarrollar problemas de salud debido a la ingestión de botellas de agua es inexistente.

Para facilitar la recogida y clasificación de los plásticos existe un código numérico que permite identificar sin errores de qué tipo de plástico se trata. 

El número 01 se corresponde con un tipo de plástico conocido como PET. Las botellas de agua comercializadas en España en las que aparece el código 01, están hechas de Polietileno Tereftalato (PET). Un material transparente, muy resistente, pesa poco, es 100% reciclable y, por supuesto, está autorizado para su uso alimentario. 

Por lo tanto, este número NO tiene nada que ver con la creencia popular según la cual indica el número de veces que se podría usar la botella.

El perímetro de protección es una figura legal, por la que se instaura un derecho para salvaguardar las aguas de un acuífero, tanto en calidad como en cantidad. Consiste en una superficie que la administración establece alrededor de la captación de agua, en la cual las actividades humanas que puedan alterar las aguas se restringen o prohíben. En concreto dentro del perímetro de protección se limitan o prohíben actividades potencialmente contaminantes (protección de la calidad) o la extracción de agua del mismo acuífero (protección a la cantidad).

Cabe indicar que en algunos casos el perímetro de protección se solapa con espacios protegidos ya establecidos. A veces, cuentan con la protección natural que les otorga su origen profundo y que dependiendo de la geología aumenta la protección de estos espacios ante una potencial contaminación desde la superficie.

Fuente IGME

El agua que se utiliza en el proceso de fabricación de un envase de PET es prácticamente nula. Sólo se utiliza agua en algunas etapas de su envasado como es el proceso de refrigeración de moldes para la obtención de la preforma y en la fase de estirado de la misma por soplado. 

Por ejemplo. en un envase de PET de 1,5 litros, tan sólo se emplea 1,9 mililitros de agua. Estamos hablando de que tan sólo se emplea una cantidad minina de agua para fabricar un envase de litro y medio. Además, el agua de proceso empleada en el proceso de envasado en muchas ocasiones se aprovecha para otras finalidades tales como el riego de los cultivos en el área de influencia de la planta de envasado.

Este tipo de mensajes pueden ser muy perjudiciales ya que la sensación de sed es un síntoma
de alerta que activa nuestro organismo para indicarnos que el cuerpo ya está deshidratado.
Un desequilibrio hídrico corporal de tan solo un 1% puede ya afectar a nuestro rendimiento físico, a nuestras capacidades cognitivas y a nuestro estado de ánimo.

Además de la sed, hay que estar atentos a otros signos de deshidratación como son: cansancio, debilidad, fatiga mental y física, hormigueo en las piernas, calambres musculares y náuseas o vómitos, entre otros.

Hay que tener en cuenta, además, que algunos grupos de población, como las personas mayores, tienen una menor capacidad de percepción de la sed, lo que aumenta notablemente el riesgo de deshidratación. Por lo tanto, las personas mayores deben anticiparse a las necesidades de hidratación y no esperar a tener sed para beber agua.

O, también, durante la infancia, ya que los más pequeños tienen dificultad para expresar la sed, siendo el agua un nutriente que juega un papel primordial en el desarrollo del niño.
Por lo tanto, unos buenos hábitos para una correcta hidratación serían: beber antes de sentir sed, a intervalos regulares (unos 330 ml cada dos horas aproximadamente), despacio, en pequeños sorbos y a una temperatura entre 10 y 15°C para favorecer su absorción y que el cuerpo la asimile más fácilmente

Existen un buen número de referencias de distintas entidades científicas de gran relevancia que recomiendan, de forma contundente, el consumo de agua como un aspecto fundamental para el mantenimiento de una correcta hidratación y alcanzar un estilo de vida saludable. 

Como, por ejemplo:

  • Estudio “Values for Water EFSA Journal; 8(3) 1459”, publicado en marzo de 2010 por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA en sus siglas en inglés), el más alto organismo científico de la Unión Europea en esta materia, donde se recomienda una ingesta total de agua de 2,0 litros al día para las mujeres adultas y 2,5 litros al día para hombres adultos, bajo condiciones normales de actividad y temperatura.
  • Opinión científica, publicada en abril de 2011 por la EFSA, sobre la justificación de las declaraciones de propiedades saludables relacionadas con el agua y el mantenimiento de las funciones físicas y cognitivas normales (ID 1102, 1209, 1294, 1331), el mantenimiento de la termorregulación normal (ID 1208) y el «requisito básico de todos los seres vivos» (ID 1207) de conformidad con el artículo 13, apartado 1, del Reglamento (CE) no 1924/2006, donde vuelve a reconocer la importancia para nuestro organismo de beber la cantidad adecuada de agua al día.
  • En ambos informes, la EFSA concluye que, para obtener un equilibrio hídrico adecuado, al menos se deben consumir dos litros de agua al día en condiciones normales de actividad y temperatura, recomendando que el 80% sea por ingesta directa de agua y un 20% a través de los alimentos que ingerimos.
    Pero, a pesar de estas evidencias científicas, el 75% de los españoles no alcanzan las recomendaciones sobre ingesta diaria de agua propuestas por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). Así lo señala la Encuesta Nacional de Ingesta Dietética Española (ENIDE) dentro del estudio científico ANIBES “Hábitos de consumo de bebidas y su asociación con la ingesta total de agua y de energía en la población española”, coordinado por la Fundación Española de Nutrición (FEN).
 

El agua es el nutriente más importante. Al igual que el resto de las necesidades nutricionales, tanto de energía como de micronutrientes, que son superiores en el caso de los hombres que en el de las mujeres: sí, ellos necesitan hidratarse más que ellas. Así lo manifiestan los datos oficiales de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA): las mujeres deben consumir dos litros de agua al día y los hombres 2,5 litros diarios. Pero, ¿por qué se da esa diferencia de sexo a la hora de ingerir agua?

Una de las explicaciones se encuentra en lo que nos diga la báscula. «Las recomendaciones responden a una cuestión estándar en función del peso y volumen corporal. Si tenemos en cuenta que un hombre medio pesa 80 kilos y el 60% de su volumen corporal es agua —lo que equivale a unos 48 litros— y una mujer pesa de media entre 60 y 65 kilos —que son en torno a 36 litros—, estas diferencias nos explican las diferencias en cuanto a recomendaciones. Se trata de una cuestión de volúmenes, de compartimentos celulares», señala Lluís Serra, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, fundador y presidente de la Academia Española de Nutrición y Ciencias de la Alimentación y de la Fundación para la Investigación Nutricional.

Otro factor que marca la diferencia de consumo entre hombres y mujeres tiene que ver con la cantidad de calorías diarias que se ingieren. «Normalmente, se aconseja una ingesta de un mililitro de agua por cada kilocaloría» explica Serra. Entonces, el cálculo sería el siguiente: un hombre debe consumir en torno a 2.500 kcal al día, por lo que debe ingerir 2.500 mililitros de agua, es decir, dos litros y medio. En el caso de las mujeres, el número de calorías desciende a 2.000, por lo que los mililitros también y el resultado son unos dos litros de agua al día.

Pero no todo se resume en ese simple cálculo, hay otras variables —además de las kcal— que debemos tener en cuenta: «La misma exactitud que se pueda aplicar a las kilocalorías recomendadas la podemos aplicar al agua. Pero todo es relativo, al depender de otros factores como el volumen corporal y el peso, la actividad física o el calor medioambiental, entre otros», explica Serra.

 

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